Andrea adopta una perspectiva de vida que combina ambas opciones, en lugar de una que combina ambas. Como exbailarina convertida en ingeniera, prospera en la intersección de prioridades contrapuestas. Hoy, es la fundadora, presidenta y directora ejecutiva de una organización sin fines de lucro que reaviva la creatividad innata de las personas, a la vez que es madre de sus hijas Victoria y Penélope.
El camino de Andrea ha estado marcado por la reinvención. La recesión puso fin a su carrera profesional de bailarina. Años después, perdió a su esposo y se convirtió en madre soltera de su pequeña Victoria. Recientemente, dio por terminada una visión que había tenido durante años para su ciudad natal. Cada momento la invitó a afrontar la incertidumbre con curiosidad, a abrazar nuevas posibilidades y a confiar en su capacidad para crear lo que ha venido maravillosamente después.
Considerada una "contradicción andante" por ser creativa y analítica, Andrea se esfuerza por disipar el mito de que la creatividad es exclusiva de ciertas personas, edades o profesiones. La enseña como un rasgo humano inherente que siempre hemos tenido y que necesitaremos en un futuro donde los problemas exijan aún más nuestra imaginación.
Andrea se guía por un principio simple que su difunto esposo solía compartir cuando enfrentaba la incertidumbre: "Cuando tengas dudas, haz lo que te haga feliz".
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